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VERDAD ESCÉNICA DOMINICANA

VERDAD ESCÉNICA DOMINICANA

''Mariposas de Acero'' bajo la dirección de Waddys Jáquez

El teatro para mí es magia transformadora, es el medio por el cual podemos dar un mensaje, ya sea en defensa de la mujer, la conservación de la vida, la salud mental, entre otros temas que afectan a nuestra sociedad. Para que estos mensajes lleguen, debemos tomar como referencia eso que dice Carlota Carretero: “Ser como los trinitarios, que despertaron a la sociedad dormida”. Dicho en otras palabras, seamos ese Neo, personaje de la película “Matrix”, quien despierta su conciencia y descubre la verdad detrás de la realidad aparente en la que vive y se convierte en un líder en la lucha contra las máquinas que controlan el mundo simulado de la Matrix. Seamos esa influencia que nuestra sociedad, la cual parece cada vez carecer de humanidad, necesita para despertar, utilizando como arma nuestro arte de actuar. Si bien como artistas amamos los aplausos, más amamos el hecho de saber que nuestro trabajo produce un impacto en el espectador que puede llevarlo a transformar su realidad de manera positiva.

Ese "Último eslabón" en el paradigma teatral de Rafael Villalona, es incluso la fuente de inspiración por la cual un director es capaz de escoger una obra y llevarla a escena, puesto que por medio de ella tiene algo que decir. El director ordena el caos y crea armonía, es el jefe del espectáculo, abarcador de todo el proceso creativo (incluso cuando les permite a los actores aportar sus ideas creativas) y quién sabe cuál es el mensaje que quiere llevar al público. Por tal razón el director debe vigilar constantemente cómo se reflejan en el actor el pensamiento, las ideas, del autor y las propias. Debe estar consciente de hacia dónde se inclina la fantasía del actor y cómo controlarlas para que la obra funcione como él desea.

Se dice que por ser actores no deben creernos, porque somos expertos en el arte de mentir, pero eso no es más que un eufemismo, bien lo dice Waddys Jáquez: “La verdad es la clave de la creación del artificio y la magia”. Durante mi camino de formación como actriz, he aprendido que crear con verdad implica, no solo prestar mi voz, cuerpo y emociones al personaje, sino ser capaz de transmitir las emociones y experiencias de manera autentica y convincente. La verdad escénica no significa que tengamos que vivir lo mismo que los personajes, sino que podamos entender y comunicar esas experiencias y emociones de manera genuina.

Esto es lo que significa la verdad escénica, la magia del “como si” de la que habla Konstantín Stanislavski.
Hay una razón de ser, y creo no se puede lograr, que el teatro formalista, ese que defiende la forma, el estilo, la estética y la estructura de la obra, sea reemplazado por la palabra viva en escena, si el actor no defendiese a su personaje y tuviera esa capacidad de la que Chiqui Vicioso habla, en la que los teatristas deben «traspasar la poesía escrita al lenguaje corporal y los gestos». Cosa que hacemos en nuestra búsqueda, no solo de entender y descubrir las razones o circunstancias que motivan al personaje a hacer tales cosas, sino que lo hacemos desde la verdad escénica. Por consiguiente, abordar al personaje con empatía y no desde el prejuicio es lo que hace que el villano sea humanizado, y pueda darse la magia de ser el otro. El actor más que ser el abogado defensor de su personaje debe ser su mejor y fiel amigo. Interpreto la defensa del personaje como esa madre que por su propia supervivencia y la de sus hijos, hace innumerables cosas sin importar las vidas que arruina y que en una historia sería considerada la más cruel de las villanas.

También es menester de nosotros, los teatristas dominicanos, impregnar nuestro trabajo de nuestras raíces, a fin de cuentas, no podemos rechazar lo que somos y de dónde venimos, al contrario, es lo que hará que nuestro trabajo sea auténtico y podamos llegar al público con más claridad, de modo que este se sienta identificado y no le sea ajeno lo que se ha puesto en escena. Sin embargo, es importante recordar que tampoco es necesario desligarnos del teatro universal, pues este es también nuestra herencia, una que trasciende a través del tiempo, con historias como la de «Fuenteovejuna» un pueblo que se revela contra un Comendador abusivo. Aunque la historia no se desarrolle en nuestro país, no podemos negar que tiene similitudes con nuestra historia e incluso actualmente sería de gran impacto, todo depende de nuestra capacidad creadora para reinterpretar una obra a partir de nuestra realidad económica, social y cultural.

En este sentido resalto que creo en la calidad, profesionalidad y la excelencia que aspiramos alcanzar en el teatro y que la calidad de una puesta en escena, tal como dice María Castillo, no solo requiere de máquinas eficaces, e impecables actores, además de un montaje acabado como expresa Reynaldo Disla, sino que también requiere de la originalidad, creatividad, el texto, la coherencia de la trama, el diseño escénico, la dirección e interpretación de los actores y la recepción del público, entre otros parámetros que dependerán del experto o crítico que la evalúa. En palabras más simples, los parámetros de calidad de una puesta en escena son el conjunto de un todo en armonía, un todo que no sería nada si no fuera por la pasión, devoción y dedicación que le ponemos a nuestro trabajo en el teatro.

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