
Catarsis Dominicana: El teatro como herramienta para la liberación emocional, sanación individual y colectiva

''Las Poderosas Teatro'' historia de cinco mujeres guatemaltecas que utilizaron el teatro como herramienta de sanación, transformación y sensibilización
Pensar que el teatro no tiene cabida en una sociedad mercantilizada es totalmente cierto, el teatro funcional es el de servir como vehículo para el encuentro humano a través de la imaginación, sensibilidad y coherencia, como lo indica el maestro Chapuseaux; reconozco que el teatro es necesario para el reconocimiento y asunción del mundo como proceso hacia la felicidad de todos, pero tomando en cuenta que el teatro va más allá del entretenimiento general, el teatro es una herramienta de transformación social y no debe pasar por menos.
El teatro es una actividad que cambia y brinda una perspectiva diferente de las cosas, te invita a reflexionar los diversos aspectos que comprende la vida, brindando múltiples beneficios como promover la empatía, que siempre hace falta en sociedades como las nuestras, desarrollar la imaginación y la creatividad permitiendo la catarsis, y la liberación emocional, que enriquece la experiencia del espectador.
La composición teatral, vista de esta manera, crea nuevas formas de expresión y experimentación, donde se integran los diferentes lenguajes creativos, se promueve una participación del público, crea espacios de diálogo y debate sobre temas de interés mutuos entre espectador y artista, por lo cual este método crea un espacio para generar criterios propios, lógicos y coherentes de las cosas.
A través del teatro, se activa nuestro espíritu sensible para adquirir los conocimientos que brinda la vida, debe ser una práctica recurrente entre todos los seres humanos, sin embargo, es importante no caer en dogmatismos y reconocer la existencia de otras perspectivas válidas sobre el mismo. El teatro puede ser muchas cosas: entretenimiento, reflexión, catarsis y experimentación. Lo importante es que sea un espacio de encuentro humano que nos ayude a comprender mejor el mundo y a nosotros mismos.
Existen otros paradigmas, con los que no estamos de acuerdo, como el de León David, quien dice, que no existe el teatro dominicano; el teatro es una representación cultural independiente del método y la técnica, tomar una postura indicando que el teatro dominicano es “querer ser lo que ya somos”, es un tanto contradictorio, pues si somos dominicanos ¿Qué deberíamos representar? Y sí, hay que hacer un teatro de calidad y digno, pero si tiene su toque de dominicanidad es un teatro perfecto.
Paradigmas como el de María Castillo también llaman a la reflexión y comprensión, considerar que para catalogar un teatro de dominicano, no necesariamente debe pasar por el proceso que indica: desde la “construcción de una identidad teatral univoca, pura e incontaminada”; el arte y en su defecto el teatro, de por sí, ya están contaminados, con esto me refiero a que cada cultura le da su toque artístico a las cosas y al ser diferente se vuelve único, así el teatro encontrándose con la cultura dominicana, se convierte en teatro dominicano.
Considero que ambos paradigmas son demasiado rígidos y excluyentes. Negar la existencia del teatro dominicano como tal es negar la riqueza y diversidad cultural de nuestro país. El teatro dominicano es una amalgama de diferentes influencias, tanto locales como internacionales, que lo convierten en algo único y especial.
Exigir una identidad teatral única e incontaminada es una utopía irrealizable. El arte, por su propia naturaleza, es dinámico y cambiante, está en constante interacción con otras culturas. Pretender aislar el teatro dominicano de estas influencias es negarle la posibilidad de evolucionar y crecer.
El teatro, en todas sus formas aspectos y diferencias, es una herramienta invaluable para el desarrollo individual y colectivo. Su capacidad para transformar y humanizar nos recuerda su importancia en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y sensible en todos los aspectos posibles.