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¡La séptima pedrá’! La Otra Piedra, en el zapato del teatro, sí

  • Foto del escritor: Canek Denis
    Canek Denis
  • 29 mar 2024
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 7 may 2024




Siete pedrá’ y ni un sólo muerto. Siete pedrá’ y ni una sola bala. Séptima piedra. Siete piedras que están chin a chin haciéndose un espacio en el pensamiento crítico y su ejercicio intelectual capitaleño. Un chichón al quehacer teatral dominicano. ¿Desde un ambiente académico? Sí. ¿Por estudiantes? Sí. ¿Liderados por docentes? Sí. ¿Con defectos y errores por mejorar? Sí. ¡Y QUÉ! Pero están haciendo.


Los doctores de la salud física recomiendan realizar constantemente ejercicios físicos, porque es lo que mantiene al cuerpo sano, y hasta la mente, sana. Pero entonces, ¿dónde está el ejercicio de la mente, el ejercicio crítico del quehacer teatral dominicano? ¿Quién o quiénes lo están haciendo en este pedacito de isla? Diríamos que nadie o muy pocos, pues ya no, porque aquí hay un grupito de la UASD que tan’ tirando piedra. Piedra de crítica, piedra de historia, piedra de memoria, pedrá de obras, peñones de estudios.


En nuestro país, aceptémoslo, las publicaciones teatrales desaparecieron. Hubo buenos intentos y logros y con importantes aportes. Vale recordar, al menos de momento, dos de las más trascendentales, la revista Teatro, del Teatro Nacional y la revista El Monstruo. Por supuesto que hubo otras que deben ser recordadas, así como deben ser recopiladas las publicaciones en diarios y revistas que por años fueron un esfuerzo, y pusieron su piedrita y su granito de arena, pero eso es para otro momento. Ahora le toca a esta, a La Otra Piedra.


Las revistas y publicaciones periódicas especializadas han mermado en todo el mundo, las físicas, sobre todo, si hasta la emblemática revista Conjunto de Cuba se vió afectada por la pandemia y pasó a reinventarse para sobrevivir y se digitalizó, imagínense lo que pueda pasar en nuestro país que no tenía ninguna y las que lo intentaron, sus gobiernos y sus autoridades “camaradas nuestros”, no supieron o no entendieron la imperante necesidad y validez de una revista especializada.


El teatro como acontecimiento efímero requiere necesariamente de un registro. No tan sólo por aquello de la farándula y de la constancia escrita de esa función y de su público o de los patrocinadores y que, si salgo o no en prensa, sino también para el ejercicio del pensar más allá de la crónica artística. De una documentación del presente para el futuro. Registrar para pensar. Pensar para ser. Escribir para ser. Historiografiar para validar. Criticar para observar. Validar lo vivido. Escribir la experiencia. Registrar el acontecer. Decir del hoy para el mañana. Escribir para aprender. Leer para escribir. Y finalmente publicar para dialogar, dialogar con uno mismo, con los demás, con los otros. Exponerse y abrirse para el convivio teatral. Y eso está haciendo esta otra piedra, abriendo un pequeño camino.


Teoría y práctica difícil pero necesaria conjunción. El antes, el durante y el después, otra conjunción inevitable pero escasa. Sin embargo, eso reúne esta edición número siete; ejercicios escriturales que derivan de los ejercicios previos del hacer y del pensar, y que ahora son estudios, críticas, entrevistas, apuntes, artículos, opiniones, dramaturgia, ensayos y propuestas. Son registro del acontecimiento teatral. Y he de señalar que esto adolece mucho la escena dominicana, el registro, el documentar, pues lo que no se nombra, lo que no se menciona por escrito, ojo, por escrito, no existirá en la posteridad. Y La Otra Piedra llegó y ta’ pa´ eso, pa´ poner su piedrita en el muro de la historia. ¿Y después qué? ¿Otra piedra? Pues sí. Porque necesitamos memoria, necesitamos volver a pensar.


Apuesto al rigor, a la esperanza de que todo este esfuerzo vale, vale y mucho. Pero ojo, que posiblemente no sea por ahora que se sienta ese valor, sino a medio y largo plazo. ¡Hay que tener paciencia en tiempos de la inmediatez, porque hay que pensar! Hacer lo que sea es un proceso y encima pensar más aún, porque pensar, sin el slide de derecha o izquierda, de para arriba o para abajo, pensar con conciencia y razón crítica, toma tiempo… La Otra Piedra es pensamiento, sí, pero al paso, que es bolero. Todavía requiere seguir creciendo y madurando, sí. Corregir, reescribir, revisar, sí. Proponer, quitar, reinventar, sí, pero todo eso es parte del proceso, como los ensayos que tanto sabemos los teatreros, que toma tiempo, sí, pero ya se lanzó la séptima pedrá’ y al que no le guste que se quite, porque a mano pelá´ tan tirando piedra desde la UASD y vendrán extra innings.



¡Ojalá salga algo impreso! Que tanta falta hace para reconectar con el aquí y el ahora, pues somos seres inevitablemente materialistas y el papel, para mí, es un deleite que dialoga con lo sensorial, con el recuerdo, con lo sígnico, lo gráfico, histórico, lo material lo vivo y lo muerto, como lo es el teatro, algo que transcurre entre la vida y la muerte, efímera existencia, pero que hoy, con esfuerzos como este, cobran sentido para así permanecer.


Por ahora tenemos su existencia digital, digna de la época en la que nació pues ya sabemos las ventajas de la web y su alcance. Ojalá se unan a este esfuerzo otras facultades y departamentos académicos uasdianos: las de ciencias sociales y políticas, lenguas, literatura, filosofía, diseño gráfico, antropología, publicidad, que se unan y aporten. Convoquen a esas otras piedras, que también reciban el golpe del pensamiento, que lancen ellos también otra piedra.


Encontrar entre los textos de esta edición a María Castillo, a la gran doña Monina Solá, a Juan María Almonte, a la querida Lidia Ariza, a Chapuseaux, a Avilés Blonda, hasta el mismísimo Rafael Villalona y otros, resulta para mí satisfactorio, porque denota un interés mínimo en conocernos entre nosotros, vernos intergeneracionalmente. Se nota la mano y guía de Claudio Rivera. Descubrir textos sobre la actuación, la danza, la performance, sobre didáctica, además, descubrir una dramaturgia de César Medina D´Óleo, leer ejercicios críticos de puestas en escenas de compañeros y conocer opiniones respecto al teatro y su quehacer e incluso sobre nuestra identidad y su crisis, es algo para felicitar y de paso agradecer, porque hasta algunos me han puesto a pensar, a cuestionar. Gracias por esa pedrá’.


Lanzar una piedra al agua crea una onda expansiva. Esperemos que esa onda, por ahora digital, se prolongue y expanda hasta el número ocho y luego el nueve y luego el diez y así, hasta agotar existencia. ¿Revista? ¿Ahora, en tiempos digitales? ¿Y de teatro? ¿Aquí? Bueeee, diría cualquiera, si hasta yo lo he pensado, bueee… Pero, la esperanza es lo último que se pierde y por suerte aquí no se ha perdido nada, sino que hay otra piedra que marca un camino. Hay que creer, como dice Ángel Manuel Martínez García en su artículo, “Una mirada, un corazón, una verdad, un credo”. Hay que creer y yo creo en el teatro y creo en esta otra piedra en el camino, pero ya no para tropezar, sino para construir y marcar un trayecto.


Los cristianos dicen que al séptimo día se descansó. ¡Pero que ni se les ocurra parar! Descansar sí, pero sólo para retomar fuerzas, porque esto que están haciendo vale el esfuerzo, porque no hay pena en esto de pensar, de crear, de escribir, de registrar, de cuestionar, de investigar, de dialogar y pensar la realidad y su acontecer.


Así que sí, sigan ahí, se los imploro, los incito, los invito, les pido, los felicito, les agradezco, les exijo, lo pido encarecidamente, crean en ustedes, crean en esto, crean en el poder del teatro. Finalmente, por favor, hagan honor sarcástico para redefinir y resignificar lo uasdiano y sigan tirando piedras, piedras de palabras, de letras, de historias, de pensamientos. Sigan haciéndole un chichón al pensamiento, un chichón al quehacer teatral dominicano. Continúen poniendo otra piedra en el camino. Nos veremos en la octava pedrá’, que yo los estaré esperando con mi tirapiedras.


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